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(Hacer) Producir la nostalgia - Matheus Calderón Torres

Updated: Jun 7



La obra de Benjamín Cieza (Lima, 1991) ya nos tiene acostumbrados a un ejercicio de rescate de imágenes del pasado reciente. El suyo es, en sus propias palabras, un ejercicio de curaduría (y aquí se asemeja mucho a lo que el teórico alemán Boris Groys postula sobre el arte contemporáneo): el artista selecciona, media y presenta; es, en sí mismo, un curador, ya sea presentando piezas que tematizan eventos del año de su nacimiento – la llegada de la conexión satelital al Perú que aparece en ¡Hola Piura!, parte de una serie de dibujos titulada precisamente 1991-, ya sea citando a las calcomanías e imaginerías asociadas al transporte público informal en Lima –combis y custers, modos de movilización popularizados en los años 90 tras la liberalización de la economía durante el régimen de Alberto Fujimori- a la que apeló en la muestra colectiva Oasis Paraíso, curada por Gisselle Girón en Proyecto AMIL en febrero del 2020.



En Sigue Siendo Hoy, que expone vía viewing room la galería Vigil Gonzales, vuelve tal modalidad de rescate de fragmentos del pasado, pero aquí adquiere la forma de una dulce y cálida nostalgia. Aquí aparecen las fotografías familiares a las que se les ha aplicado una suerte de zoom in y crop, se les ha recortado un fragmento en el que, eliminadas ciertas marcas particulares, todos pueden reconocer su propio pasado reciente (o al menos, cierta economía afectiva atribuible a este tipo de imágenes y que ha sido perdida en estos nuestros tiempos contemporáneos, cierto inconsciente estético). El conjunto expositivo está formada por tres pares de imágenes que guían al ojo por una suerte de narrativa que va de lo figurativo a lo abstracto. De dos óleos sobre tela de dos torsos juntos, ambos con ropa a la usanza de los años 80 y 90 bajo el nombre de Ojalá vivas todos los días de tu vida y reinterpretadas para que cualquiera logre identificarse con ellas, pasando por lo natural (un par de óleos de lo que parece ser una línea desértica y dos ramos de hortensias, cada uno bajo el nombre de Caminante no hay camino) hasta llegar al último par (Sigue siendo hoy). Del retrato al bodegón y hasta el campo de color: como si la intimidad y calidez de las imágenes hubiese implosionado (o explosionado) hacia el puro color, como si se entregase de ese modo al espectador; una cálida y productiva nostalgia.

Y si bien es cierto que hay un paso de lo figurativo a lo abstracto, pero también es cierto que, en estricto, buscan representar el mismo acontecimiento: encuentro, calidez, abrazo en sus modalidades de retrato, bodegón y campo de color. No es coincidencia entonces que las imágenes base pertenezcan a ese género de fotografías tomadas en viajes o reuniones familiares: hermanos, tías, primos, abuelxs, padres, madres. Alguna vez guardadas en pesados y cargados álbumes físicos (la memoria familiar más tangible), el ejercicio de Cieza con Sigue Siendo Hoy es también traducirlas al espacio del arte y, con su exhibición, al de la virtualidad: cada una de las piezas está unificada no solamente por el similar origen de su referente, sino también por su tamaño y formato, tal y como las podríamos encontrar en una red social como Instagram. Las piezas juegan explícitamente con el modo de exhibición virtual que emula aquí al cubo blanco, pero también a los no-lugares (para pensar con Marc Augé) de la Internet: espacios de paso, de espera, páginas que no logran cargar del todo y que aparecen totalmente blancas, en el silencio de la virtualidad. Se trata de convivir con este silencio, ocuparlo, hacerlo productivo.

No hay que pasar por alto que en estas piezas hay también una respuesta a la pregunta por la estética de la pandemia. Si el gesto de volver al archivo se ha vuelto una constante en las últimas décadas en el arte contemporáneo que escarba entre las ruinas de las tragedias y genocidios del siglo XX y XXI, y la retromanía –esa “adicción del pop a su propio pasado”, como la califica el crítico musical Simon Reynolds- se ha vuelto el pan de cada día (el reciente álbum de Dua Lipa se titula Future Nostalgia, el último video de Javiera Mena emula a los clásicos Ghost in the Shell y Akira), con Cieza, en el tiempo de la gran reclusión por la pandemia de SARS-CoV-2, tal gesto se convierte en una indagación por los límites interiores del afuera. Imposibilitados de salir a las calles, afectados por la muerte y la cuarentena a nivel mental y emocional, clausurados a la posibilidad de finalizar procesos de duelo y de despedir a aquellos que ya no están o de encontrarnos con los que siguen con nosotros, los archivos fotográficos familiares y comunales se vuelven el espacio predilecto para depositar viejos afectos (e imaginar nuevos), para generar parentesco en medio del Chthuluceno (parafraseando aquí a Donna Haraway)

Por ello es que Sigue Siendo Hoy se enmarca en la tensión obligatoria de la nostalgia. El título de la exposición, en esa misma línea, no podría ser más apropiado. "Sigue siendo hoy" es una frase que puede ser asumida desde una dolorosa melancolía (en oposición a un "todo tiempo pasado fue mejor"), pero también desde un presente vitalista que invita a reconfortar y a vivir el hoy, a no perder el tiempo: seize the today. No es coincidencia tampoco que "sigue siendo hoy" sea también una frase presente en uno de los recientes temas de Bad Bunny, el artista urbano contemporáneo que más ha cultivado este modo a veces nostálgico, a veces directamente doloroso de goce: un perreo triste, una balada de desamor y desazón en ritmos urbanos. Tal tensión está siempre presente en las indagaciones que buscan recuperar imágenes con especial carga afectiva: imaginerías personales, familiares y comunales, y generar desde allí puentes que otorguen valor al hoy. Un camino artístico que va desde Bugs Bunny hasta Bad Bunny –y no es coincidencia que el éxito de los 90 Space Jam se haya vuelto a reestrenar vía Netflix casi en paralelo al estreno del segundo álbum del cantante puertorriqueño.


Es, a fin de cuentas, una pregunta por las economías otras: las afectivas, libidinales, artísticas, nostálgicas, imaginarias...; una cuestión que se hizo patente primero en la exposición colectiva Tiendecita Vicky junto a Victoria Sánchez, y luego en su primera exposición individual Un Momento, En Otra Parte; y que no es ajena a cierta sensibilidad más cercana a los centennials que a los millenials, que parece transformar el lema de las luchas políticas de los años sesenta de lo personal es político en un lo personal es estético: una apelación a un inconsciente (colectivo) estético, una forma de poner a trabajar la nostalgia en todos nosotrxs, y con ello, una pregunta por la economía de los afectos, por el valor de los mismos.

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