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Buscando a María Elena Moyano - Natalia Iguiñiz

Exploté… en mil pedazos revente

están todas las paredes llenas con pedazos de mi piel

tomare… mis manos y las estrellare

romperé todas las calles que están debajo de mis dos pies

me eché a correr y desdoble todo mi cuerpo

quedare expuesto a los rayos del sol…

Café Tacvba

“Los que la hicieron volar en pedazos,

queriendo desaparecerla,

sólo han conseguido esparcir más sus semillas de vida

que germinarán muy pronto”

Gustavo Gutiérrez

El hombre de la creencia prefiere vaciar las tumbas de sus carnes putrefactas,

desesperadamente informes, para llenarlas con imágenes corporales sublimes,

depuradas, hechas para consolar e informar –vale decir fijar-

nuestras memorias, nuestros temores y nuestros deseos.”

Georges Didi-Huberman

El 15 de febrero del año 1992 fue asesinada María Elena Moyano Delgado por un escuadrón de exterminio de Sendero Luminoso dirigido por una mujer hasta hoy anónima y el caso sigue aún impune. Primero recibió un disparo y luego su cuerpo fue destrozado por la explosión de 5 kilogramos de dinamita. Ella se encontraba con sus dos hijos en una pollada en Villa el salvador, distrito que se fundo en un arenal al sur de Lima 20 años antes de su muerte y donde ella y su familia fueron de los primeros pobladores.


Hacer un retrato supone la voluntad de hablar de alguien especifico, sin embargo cuando alguien se ha convertido en personaje público y cuando su memoria es usufructuada por los poderes de turno, la brecha entre el personaje y la persona es mas profunda. La idea de este trabajo fue un intento por tender un hilo de un lado al otro del surco y resulto que caminar por esta cuerda floja me enfrento también a mi propia historia, como en todo retrato.





La manera en que Moyano es despedazada y las distintas promesas que su vida podría simbolizar se podrían relacionar con el mito del inkarri, mito referido al retorno del Inka, que habiendo sido fragmentado para minar su fuerza, aguarda el momento para rearmarse y restablecer un nuevo orden. La versión de Carlos Iván Degregori es que ese Inka podría ser hoy en día el pueblo que migra y se apropia del territorio, refiriendo mas bien la idea de un inka en movimiento. Gustavo Gutiérrez en el entierro de Moyano plantea una imagen en la cual la forma en que la mataron lejos hacernos olvidarla fue como esparcir semillas que pronto florecerán. Es quizás el momento en el que el trabajo se encuentra inevitablemente con aspectos del personaje y con la dimensión transformadora que anuncia o simboliza. Estableciéndose una serie de coincidencias entre el protagonista del mito y María Elena. Ambos personajes son mártires. Lucharon contra una amenaza violentista. Sus cuerpos fueron descuartizados para aterrorizar a sus seguidores, expresando al mismo tiempo el temor de sus asesinos frente a su poder simbólico. Y los más importante, ambos representan una aspiración de justicia.

Sin embargo en la otra orilla, vemos que en este caso no es el inka, ni el pueblo andino migrante, esta vez es una persona especifica, una mujer urbana, pobre, negra, etc… y con ella, volvemos al deseo del trabajo de llegar a la persona, María Elena Moyano es más que una héroe o mártir, mucho más de lo que el discurso burocrático y oportunista destaca de ella (“madre coraje”, “heroína civil”, etc.). Ella puede también ser comprendida como una persona compleja, ambivalente, gobernada por el eros y los diversos deseos que conviven en nosotras, no siempre de manera articulada. Una mujer que forzó los limites de las practicas femeninas en su contexto y lo hizo con alegría y goce. Un sujeto de su vida inspirado por la amplificación de la mujer en tanto conciencia y potencia, comprometido con sus coetáneos, alucinado en la promesa de un mundo mejor.




En la primera serie de fotografías se muestra un recorrido por diferentes archivos personales e institucionales buscando imágenes de Moyano, son fotos de fotos, donde de alguna manera se han ido registrado distintos momentos de su vida. En la fotos de las imágenes se incluyen partes de mi cuerpo al fotografiarlas y en el proceso aparecen algunas fotos de María Elena con miembros de mi propia familia. En este momento siento que opera una transformación en la que paso de ser una observadora externa a de alguna manera testigo de parte.

La segunda serie es la documentación fotográfica de los 6 afiches que fueron pegados en diversas calles de Lima y que configuraron el retrato propuesto de María Elena Moyano. Exhumar sus partes y pegarlas esparcidas aleatoriamente en distintos puntos, piezas dispersas en una ciudad fragmentada. Su cuerpo no se encarna de manera unitaria, es potencia pendiente.

1 Buscando un inca. Alberto Flores Galindo.

2 Según los investigadores fue registrado inicialmente en los años cincuentas. Si bien las versiones son diversas y sus sentidos llegan hasta la actualidad con distintas lecturas e interpretaciones, inicialmente se conoce como “Inkarri” a un dios del mundo andino que crea todo lo que existe y funda el Imperio incaico. Su nombre proviene de la expresión “Inka Rey”. Al llegar los españoles en el siglo XVI, Inkarri fue apresado con engaños por “Españarri” (España Rey). Éste lo martirizó, le dio muerte, dispersó sus miembros por los cuatro extremos del Tawantinsuyu y enterró su cabeza en el Cusco. Sin embargo, esta cabeza sigue viva y está regenerando en secreto su cuerpo. Cuando el cuerpo de “Inkarri esté reconstituido, volverá, derrotará a los conquistadores y reconstruirá el Tawantinsuyu. La narración del Inkarri tiene un fuerte carácter popular y será la inspiración de sucesivas sublevaciones y movimientos de contestación social hasta el siglo XX. Es el caso de Juan Santos Atahualpa y Tupac Amaru II. Asimismo, Carlos Iván Degregori sugiere que los andinos al invadir y transformar las ciudades criollas vienen representando un proceso donde el mundo se voltea y se reconfigura a partir de la herencia actualizada de los descendientes del mundo prehispánico. Son poblaciones que ya no esperan al Inka, sino que son el Inka en movimiento.

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