Ser Pallay | Vigil Gonzales

11 December 2021 - 2 February 2022
Resumen

Ser Pallay | Instalación textil curada por Florencia Portocarrero

 

 

Ser Pallay es un proyecto textil que gira en torno a la creación de kunan pallaykuna [iconografía textil andina contemporánea] y resulta de la colaboración entre las artistas textiles –María José Murillo (Arequipa, 1989) y Verovcha (Lima, 1994) y ocho artistas tejedorxs asociadxs al Centro de Textiles Tradicionales del Cusco (CTTC): Alipio Melo (Pitumarca,1989), Celia Sabina Pfoccohuanca (Accha Alta, 1985); Cintia Ylla (Chahuaytire, 1997); Cristina Ylla (Chahuaytire, 1997); Hermelinda Espinoza (Sallac, 2004); Luz Clara Cusihuaman (Chinchero, 2004); Miriam Quispe (Chinchero, 2006) y Norma Huaman (Patabamba, 1980). El proyecto se construyó a través de una serie de encuentros semipresenciales, entre setiembre y noviembre del 2021, que tuvieron lugar en las sedes del CTTC en la ciudad de Cusco y la galería Vigil Gonzales en Urubamba.

 

El objetivo central de Ser Pallay ha sido generar un espacio para el intercambio de saberes, colaboración y finalmente la coautoría entre artistas que, si bien tienen orígenes y formaciones disímiles, comparten un real conocimiento sobre la práctica de la tejeduría y el textil andino. El textil andino está constituido por dos elementos indisociables: el pallay y la pampa. El pallay, cuya traducción más exacta al castellano sería “diseño textil”, forma parte de un vocabulario complejo a través del cual las comunidades andinas expresan sus formas de pensar y sentir en diversas piezas textiles que acompañan su vida cotidiana: la lliklla, el poncho, el chumpi, la chuspa, entre otros. El pallay es sólo posible gracias a su opuesto complementario – un tejido llano y monocromático donde aún no ha “brotado” ningún diseño– llamado pampa. En la actualidad el textil andino se crea, preponderantemente, en el telar de cintura; herramienta que se integra al cuerpo de la tejedora o tejedor y que se caracteriza por un diseño simple y portátil.

 

A pesar de la complejidad y riqueza de la tradición textil andina, la misma ocupa un lugar ambivalente en las narrativas arte históricas locales. En efecto, siendo la tejeduría una expresión eminentemente femenina, no figurativa, relacionada al cuerpo indígena y la fibra animal, no solo resultó inasimilable para la tradición de las bellas artes europeas, sino que se convirtió en una práctica estética excluida –incluso– del proyecto de el arte popular de Sabogal. Omnipresentes y a la vez invisibles, hacia mediados del siglo XX, el textil andino fue “redescubierto” por las artistas de la Bauhaus Anni Albers y Sheila Hicks, convirtiéndose en un pilar del diseño moderno. En años más recientes el mundo del arte volvió su mirada hacia las prácticas estéticas de los pueblos indígenas. En este contexto, el textil de los andes ha sido objeto de un renovado y justificado reconocimiento que, sin embargo, no siempre está acompañado de un interés por entender el papel que juega en las comunidades que lo producen, los saberes que condensa y la densidad de una historia que se extiende hasta tiempos pre-incaicos. Nadando a contracorriente de esta tendencia a la fetichización de la cultura material no occidental, una de las premisas más importantes de Ser Pallay ha sido la de generar un espacio de diálogo e interlocución que de protagonismo a los conocimientos y preocupaciones de lxs “Artistas tejedorxs del Cusco” agrupadxs alrededor del proyecto. 

 

II

 

 ¿Puede el pallay andino, un lenguaje comunitario y ancestral, producir un testimonio crítico sobre el presente? Esta fue la interrogante que, luego de trabajar en diferentes ONG dedicadas a la promoción del textil andino tradicional en Cusco, llevó a María José y Verovcha a proponer una primera conceptualización de Ser Pallay. Después de obtener el apoyo del Misterio de Cultura del Perú, a través de los estímulos económicos 2021, el primer paso para hacer realidad el proyecto fue contar con el respaldo del CTTC; institución que publicó en sus amplias redes una convocatoria abierta invitando a lxs tejedorxs interesadxs a “participar de un proyecto cuyo fin era la creación de kunan pallaykuna a lo largo de una serie de talleres entre setiembre y noviembre”. Aunque el objetivo que reunió a lxs artistas estuvo dado de antemano, la metodología implementada durante los encuentros fue más bien exploratoria y estuvo basada en compartir experiencias personales y colectivas a través de la tejeduría. De hecho, para inaugurar las sesiones cada participante llevó un pallay significativo, que posteriormente se analizó en grupo desde perspectivas técnicas, formales y afectivas. De esta manera, el tejido se convirtió en una puerta de acceso a las formas de ver el mundo de lxs “Artistas tejedorxs del Cusco”. 

 

Fue justamente en este proceso de examinar sus propias prácticas y la posibilidad de implementar nuevas formas de retórica textil que lxs artistas tejedorxs dejaron claro que –aunque el pallay andino ha incorporado nuevas significaciones, atributos formales y materiales propios del mundo contemporáneo– resiste como un lenguaje ancestral. Para explicar esta condición se refirieron reiteradas veces a la idea de la temporalidad cíclica andina, poniendo énfasis en que la experiencia de vida contemporánea en los andes no se separa de lo ancestral. Así, el pallay evidenció ser–a sus ojos– una continuidad cambiante capaz de entrelazar el pasado con el presente.

 

Combinando estas reflexiones con el hacer, lxs “Artistas tejedorxs del Cusco” produjeron las dos piezas centrales que conforman la instalación textil Ser Pallay en Vigil Gonzales galería. Los Kunan pallaykuna son treintaidós tejidos individuales que giran en torno a cinco ejes temáticos que dan cuenta de la importancia de la conexión –personal y comunitaria– con la naturaleza en la cultura andina.Por otro lado, el Telar columna comunal es un urdido de cuatro metros de largo que emblematiza el espíritu colectivo del proyecto. Este telar viajó a través de las cinco comunidades de donde provienen lxs artistas tejedorxs: estuvo en Pitumarca con Alipio, en Chinchero con Miriam y Luz Clarita, en Chahuaytire junto a Cintia y Cristina, luego pasó unos días en Accha Alta con Celia Sabina para visitar, posteriormente, a Norma en Patabamba, quien finalmente lo hizo llegar a manos de Hermelinda en Santa Cruz de Sallac. Como si de un cadáver exquisito tejido se tratase, en estas “paradas” cada tejedora o tejedor añadió un pallay en reacción al inmediatamente anterior. Ahora bien, instaladas en la galería las dos piezas funcionan como un solo cuerpo en expansión. Así, lejos de ser un producto terminado, Ser Pallay está habitada por el proceso: una antesala registra los momentos más importantes de los encuentros que tuvieron lugar entre setiembre y noviembre (poniendo especial énfasis en el viaje del tejido colectivo); mientras en la sala intermedia hace su aparición el Telar columna comunal, que integrado a un telar de cintura, se extiende hasta la galería principal donde finalmente nacen las constelaciones de los Kunan Pallaykuna, entrelazando las historias personales y colectivas. 

 

III

 

Ser Pallay ha sido un proceso de aprendizaje para todxs lxs agentes involucradxs: artistas, curadora y galería. Una voluntad de diálogo y transparencia, así como una preocupación porque el proyecto “actuara” en el mundo real acorde con lo que estaba proponiendo a un nivel discursivo, orientó cada una de las decisiones tomadas. En esa línea, la apuesta más importante fue dar protagonismo a los saberes e intereses de lxs “Artistas tejedorxs del Cusco”, quienes formaron parte de la mayoría de decisiones relacionadas con exponer en una galería comercial de arte contemporáneo. Este gesto, en apariencia simbólico, dio lugar una serie de profundas redefiniciones, tanto en la manera en que normalmente se han concebido las relaciones de colaboración entre artistas con formación académica y artistas tradicionales en nuestro medio; como de las jerarquías estéticas que diferencian el arte de la artesanía. El impacto que Ser Pallay tendrá sobre sus artistas aún está por evaluarse. Sin embargo, a primera instancia es claro que el espacio de intercambio de saberes generado en torno al proyecto ha producido vocabularios mixtos y colaborados que posicionan al pallay como una poderosa herramienta para dar cuenta del presente. 

 

Florencia Portocarrero

Curadora

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